La decisión del Ayuntamiento de Arrecife de declarar cronista oficial de la capital al escritor Antonio Lorenzo Martín, con el objetivo fundamental de conservar para el futuro los recuerdos de nuestro pasado reciente -el Puerto de Arrecife no adquiere la condición de capital de Lanzarote hasta el 17 de marzo de 1852-, además de premiar la trayectoria del autor lanzaroteño explicita también nuestra voluntad de reivindicar una identidad común y perpetuarnos en el tiempo.
Así que esta ciudad está de enhorabuena y Antonio Lorenzo, más contento que unas pascuas. “No cabe duda de que es un honor –celebra el recién designado cronista oficial de Arrecife- que recojo con muchísima satisfacción”. Y añade: “cuando has hecho una labor que crees que es más o menos positiva y encima te lo premian, es el remate de las satisfacciones”.
Durante cuatro décadas, Lorenzo, que en 1971 debutaba en prensa con una sección de humor en el periódico La Provincia , ha venido desarrollando en distintos medios de comunicación su admirable “afición a escribir y plasmar cosas que ocurrieron”, y otras que están ocurriendo, “sin aspirar a nada de estos honores ni de estas designaciones oficiales”, señala.
En 1992, la recopilación de sus colaboraciones en La Voz de Lanzarote -la revista del finado periodista Agustín Acosta- le llevó a publicar su primer libro: ‘Historia menuda de Arrecife'. Una autoedición que, a decir de su autor, se atrevía “a exponer con el nombre de historia, aunque adjetivada de menuda, lo que para muchos ha sido algo intrascendente en nuestro pueblo; pero lo intrascendente adquiere categoría cuando implica seres humanos...”.
“Hace unos años –escribía el autor- uno de esos personajes intranscendentes para nuestra historia, pero un hombre popular, murió de añoranza, de cariño hacia un niño. Aquel Machado, don Luciano Machado Berriel, murió un día de 1984, de dolor por la pérdida accidental de su nieto. Y la muerte de ese hombre, al que conocí y con quién simpaticé, desencadenó en mí la necesidad de que algo de nuestra pequeña historia quedara escrito; que dentro de diez, quince o veinte años, no haya desaparecido su recuerdo y el de otros, ya que allá en una biblioteca, un pequeño libro o una revista, lo guarden para el futuro”.
“Esas cosas que yo cuento –reconoce Lorenzo- a veces no las he vivido yo; me lo han contado”. De ahí que haya tenido la virtud de hablar en plural –“vamos a meterlo entre paréntesis”- y citar a esas personas. En ‘Más historia menuda', el último libro, “he citado a personas como don Emilio Sáenz, entre otros, que son los que me contaban”.
La obra de Lorenzo define un amable y grueso trazo, cuajado en detalles, sobre el cotidiano acontecer de Lanzarote y sus personajes -especialmente en los municipios de Arrecife y San Bartolomé- desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días. “La actividad de los vecinos con menos o más cultura da lugar a una serie de progresos. Y esa actividad de la gente, ese impulso casi inconsciente, es lo que crea la historia”, asegura el cronista arrecifeño.
Ahora, en cumplimiento del mandato que le hace el Ayuntamiento, corresponde a Lorenzo indagar en la memoria de todos y proveernos de suficientes y precisos recuerdos para recomponer los renglones de la historia de Arrecife. Y rescatar del olvido los hitos importantes de nuestra ciudad. Entre los que el autor subraya: “La crisis de los años 30 y 40 del pasado siglo; la importancia de la industria de la pesca a partir de los años 50; la instalación de la primera potabilizadora en 1964; la aparición del fenómeno turístico...”.
En cuanto a la responsabilidad que inviste el cargo, Lorenzo tiene claro que en su ejercicio, el cronista “no debe ser nunca un funcionario del ayuntamiento”. Él antepone su saber estar en la ciudad, “a pesar de que no viva dentro del casco, como viví hasta hace veinte años, sigo en contacto con la gente del pueblo”.
A la vuelta de su paseo diario desde La Concha hasta Punta del Camello, “hay unas personas que no son de la élite con las que tenemos todos los días una especie de tertulia” en ese banco –Olameda- en medio de la avenida, comenta. “Y ahí, nos sentamos a recordar y a charlar todas esas cosas que me sirven a mí de materia para poder contar estas cosas que he estado contando”, descubre de sus fuentes. Y ratifica su compromiso: “Vivo, y seguiré viviendo, con la actividad de nuestro pueblo en todos sus estamentos”.
La gestión del agua es otra constante en la obra de Lorenzo, que muestra una intuitiva, pertinaz y reiterativa inquietud: “Esa es mi gran preocupación”, señala. “Para Lanzarote una de las cosas vitales, importantísima, es el agua. Y estamos jugando con fuego”, sentencia el cronista.
Lorenzo, que presidió el Cabildo de Lanzarote desde el 19 de abril de 1979 hasta el 23 de mayo de 1983, opina que en la actualidad la política insular “vive una época de crisis con todas estas cosas tan ‘raras' que están ocurriendo”. Tampoco colaboramos ni arrimamos el hombro, lamenta. “Debe haber un poco más de buena voluntad, sentarnos y discutir la solución, y ponernos de acuerdo”.
Sobre las carencias y otras necesidades que tiene la Isla señala: “Las cosas en Lanzarote siempre llegan tarde”. En Gran Canaria ya se está hablando de una tercera pista para el aeropuerto, y nosotros, “para desmontar ese morro de ahí o ampliar sobre el mar; años y años y años, y proyectos, y no vemos que se camine”.
Aconseja fomentar y proteger la agricultura, considera que la acuicultura es la pesca del futuro. Y entre sus preocupaciones, la cultura de la gente. “Tenemos que estudiar y prepararnos para que todas esas cosas sean posibles en un futuro más o menos próximo”, manifiesta sus esperanzas.
Por mi parte, me quedo con esa estupenda cualidad de Antonio Lorenzo Martín para acabar sorprendiéndonos con un recuerdo que rescata de su exquisita y prolija memoria. Si mentas las excelencias de los preclaros César Manrique y Pepín Ramírez en relación a Lanzarote, él te dirá que sí, y hasta convendrá contigo. Pero añadirá que olvidas a Ginés de la Hoz, alcalde que lo fue de Arrecife, y que tanto soñó la ciudad...
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