La condesa Olenska
[Viernes, 26 de febrero de 2010] [10.00]
“Shutter Island” es lenta. Está sobrecargada de mediocres diálogos. Y encima narra una historia floja, endeble y escasamente inquietante, precisamente el fin que perseguía y al que no logra llegar.
Estos defectos pesan demasiado en la balanza que decide si un filme es bueno o no lo es. En el otro platillo, el que juega a favor de Martin Scorsese, se encuentra en primer lugar él mismo. Es inevitable reconocer la obra de un gran director, para quien rodar es como respirar.
Es casi una obligación que cada una de las películas de este neoyorkino cuente con hermosos planos, escogida música, logradas interpretaciones y una atmósfera real. La interpretación de Leonardo DiCaprio es casi excelente. Pero con estas endebles bondades no vale.
Todo buen filme tiene que ser un conjunto de aciertos y en esta ocasión, hay demasiados fallos. El final, que pretendía ser espectacular y el punto de inflexión que diera la vuelta a la valoración ya negativa del espectador, se queda en humo. Deja impasible. Lleva tanto tiempo (130 minutos) viendo una película que repta aburrida y con infinita lentitud que ya le da igual. Ni siquiera toda la voluntad de un DiCaprio, que es capaz de descomponerse incluso físicamente para dejar entrever la angustia que le invade, es capaz de conmover a un cinéfilo inerte.
Si acaso podría tener una finalidad este triste filme sería para recuperar la reflexión sobre el horror que significa perder la cabeza, no entender lo que ocurre alrededor y desaparecer del mundo real por voluntad ajena. Nada peor que perder las facultades mentales y dejar de ser dueño de lo único que el hombre posee: a sí mismo. Podría ser un interesante tema de conversación tal vez no muy rico en cuanto a las discrepancias pero sí en la búsqueda de empatía. Pero la película es tan floja que ni para eso deja ganas.
Detalles dementes
Potente banda sonora: La música es de Robbie Robertson, compañero musical de Scorsese desde los tiempos de “Toro salvaje". Las melodías de películas como “Casino", "El color del dinero" o "Infiltrados” están compuestas por Robertson pero curiosamente, es a la banda sonora de otro filme de Scorsese, “El Cabo del Miedo”, compuesta por Elmer Bernstein, a la que evoca esta fuerte partitura, tal y como señala con acierto un buen amigo.
Cameo: Max von Sydow realiza un papel menos que secundario que huele a homenaje y que le permite jugar con oscuros dobleces. Desde los años 50, no ha dejado de actuar este actor fetiche de Ingmar Bergman y que siempre será recordado por jugar al ajedrez con la muerte
Desaprovechado: Ben Kingsley pasa desapercibido y se limita a realizar una interpretación correcta de un personaje que nunca llega a inquietar.
Innecesario: El papel de Patricia Clarkson. Una gran actriz (recuerden a la paleta reconvertida en artista polígama de “Si la cosa funciona”, de Woody Allen) que aquí interpreta a un personaje que... Que nada.
Sueños alucinógenos: El primero es el más conseguido, cuando la mujer de Teddy Daniels-Leo DiCaprio, Dolores Chanal -Michelle Williams, aparece totalmente empapada para luego comenzar a sangrar mientras nievan cenizas y ella susurra pistas a su apenado viudo. El resto, tanto sus continuas apariciones como las de la niña del campo de concentración que Daniels nunca pudo salvar se hacen pesadas e innecesarias. Además de no añadir nada, ni siquiera perturban, cuando ésa era precisamente su misión inicial.
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Ficha comentada
Año: 2010
Duración: 138 minutos
País: Estados Unidos
Director: Martin Scorsese
Lo conocerán por… Mencionarle es evocar a uno de los maestros del cine. Su nombre y apellidos traen a la memoria tantos buenos recuerdos cinematográficos que los fracasos, que también los hay, parecen malos sueños. Amante cinematográfico de Robert De Niro hasta que llegó Leonardo DiCaprio, Scorsese les ha regalado a ambos grandes personajes que hilvanaban enormes historias (no es el caso de esta película). Al primero le dejó ser, entre otros, el “Ace” de “Casino”, que conseguía controlar todo menos a la interesada y dependiente Sharon Stone. Con el segundo, rodó “Infiltrados”, donde los personajes no eran lo que decían ser. Suya es la hermosamente triste “La edad de la inocencia”, con la que dejó claro que podía reflejar tanto el oscuro, leal y violento mundo de la mafia como retroceder en el tiempo para relatar las hipócritas apariencias del Nueva York del siglo XIX. Poco se puede añadir a lo ya dicho sobre obras maestras como “Uno de los nuestros”, así como sobre la tenebrosa “Taxi driver”.
Música: Robbie Robertson y varios.
Reparto
Leonardo DiCaprio: Teddy Daniels, el agente judicial que acude al manicomio-cárcel de Shutter Island para investigar la desaparición de una paciente-presa. Aunque sus intenciones no son realmente ésas...
Lo conocerán por... Uno de los actores que más ha progresado. No tardó nada en decidir que no quería ser otro niño guapo del cine, sino un buen actor a tener en cuenta. Una decisión que no era sencilla y que a Brad Pitt, por ejemplo, le costó décadas tomar. En los últimos años, DiCaprio ha interpretado jugosos papeles como el Frank de “Revolutionary Road”, que abandonaba sus sueños y no estaba a la altura de su sacrificada e idealista esposa. En “Infiltrados” disfrutaba de un riquísimo papel que le enfrentaba a Matt Damon, dos caras ambiguas del bien y del mal. “Titanic” fue su mayor oveja negra pero al protagonizar el “Romeo y Julieta” -del original y musical Baz Luhrmann- participó en una de las adaptaciones más bellas y coloristas de este clásico de Shakespeare. No apta para todos los públicos, fue sin embargo el perfecto prólogo para la aclamada “Moulin Rouge”
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Ben Kingsley: John Cawley, director de este peligroso híbrido entre hospital psiquiátrico y cárcel llamado Ashecliffe. Lineal e imperturbable, muy básico aunque esencial en el final del filme.
Lo conocerán por... Kingsley se obsesionó por Consuelo Castillo-Penélope Cruz cuando interpretó al seductor profesor David Kepesh, en la adaptación que realizó Isabel Coixet de la sobrevalorada novela “El animal moribundo”, de Philip Roth. También fue protagonista de la intensa “La muerte y la doncella”, donde Sigourney Weaver acorralaba hasta la confesión a su torturador en un acantilado gallego. Roman Polansky dirigió este agónico y tenso filme, basado en la obra de teatro del chileno Ariel Dorfman. Kingsley, interpretando al doctor Miranda, se convertía en víctima de aquélla a la que había destrozado. Grabada a fuego en la memoria, la frase de Paulina Escobar recordando el pequeño truco para que no la hicieran sufrir que nunca sirvió: “Gritaba fuerte cuando menos dolía”. En la triste, incolora e insuficientemente reparadora “La lista de Schindler” Kingsley se transformaba en el contable Itzhak Stern, su aliado esencial para salvar a los judíos. El Oscar a Mejor Actor se lo llevaría con su conseguídisima caracterización de Mahatma Gandhi.