CRÍTICA DE CINE

 

Celda 211: un peliculón

 

La condesa Olenska

[Miércoles, 17 de febrero de 2010] [07.30]

 

 

 

 

 

 

Es dolorosamente inevitable no comenzar la crítica de “Celda 211” resaltando que esta película ha llegado a Lanzarote después de haber sido retirada ya de los cines peninsulares. El aclamado -con razón- filme de Daniel Monzón se estrenó nada más y nada menos que el 6 de noviembre del año pasado. Es decir, hace ya más de tres meses.

Una lástima que hayamos tenido que esperar tanto tiempo para ver este magnífico filme. Un auténtico peliculón. La mejor obra que ha dado este año el cine español y una de las más sobresalientes de su triste historia.

El seguimiento de este motín carcelero mantiene al espectador en una tensión constante. Se logra el clima perfecto en esta prisión abandonada de Zamora en la que ha rodado Monzón. La opresión a la que se ve sometido el funcionario Juan Oliver, una persona inocente entre criminales que no tienen nada que perder, se transmite perfectamente y llega intacta y pura a las personas sentadas en las butacas.

Los presos están liderados por “Malamadre”. Magnífico Luis Tosar, magnífico. Este actor al que le gustan los papeles extremos, anómalos, borda a este líder carcelario que, siendo duro, no cae en los tópicos del malo intoncable. Su confianza en un “Calzones” que no es lo que aparenta es el punto débil -junto con un Bardem-“Apache” que es menos leal de lo que él supone- de un hombre que necesita ser el único cabecilla aclamado.

Cae simpático este “Malamadre” porque es gracioso y asusta porque es un asesino. Resulta creíble y no una pantomima. Si a esto se añade la dura mirada y la voz cascada creada por Tosar, es imposible ponerle pegas.

“Celda 211” se basa en dos pilares: la continua tensión -tanto por saber si Juan será descubierto como por el desenlace de un motín que se prevé sangriento- y las fundamentales interpretaciones.

Alberto Amman (Juan-“Calzones”) jamás había hecho una película y ha sido el descubrimiento cinematográfico del año. Junto con Tosar, lleva el peso de la película. Su comedida y controlada actuación-tanto real como ficticia- se rompe sólo en el tramo final por la desesperación de la pérdida. Y en esta ruptura, vuelve a ser grande Amman.

Incluso Antonio Resines nos hace el favor de no hacer de Resines en su interpretación de Utrilla, el jefe de los funcionarios de la prisión que se excede en sus métodos y en su falta de discreción. No hay que olvidar tampoco a Carlos Bardem, con un acertado acento colombiano aderezado con sus rasgos indígenas, que tiene un papel secundario pero crítico en un momento dado.

Da gusto ver “Celda 211” . Es un peliculón español que hace soñar que otro cine patrio es posible, aunque difícil. Sin duda, se hace obligatorio quitarse el sombrero con Telecinco, que está produciendo las mejores películas de este país: desde la mágicamente dura “El Laberinto del Fauno”, hasta la mala pero bien hecha “El Orfanato”, pasando por el bello viaje al pasado científico de Amenábar en “Ágora”.

Detalles presidiarios

Máxima tensión: No se anda con chiquitas esta película, donde el espectador no pierde ni un momento la rigidez típica del nervioso. El punto álgido de esta olla a presión es la escena en la que Resines es entregado a los reos como sacrificio humano.

“Pertur”: Un amigo da luz a la verdadera personalidad del preso gangoso y yonki: se trata de Luis Zahera, “Pertur” en “Sin tetas no hay paraíso”, por lo que aquí sigue su estela macarra.

Caricaturas: Los hombres del Gobierno central que vienen a negociar con “Malamadre” y “Calzones”. Sobreactuados en sus ganas de dialogar, capaces de vender a Juan y también de entregar a Utrilla como ofrenda a una manada hambrienta -con razón-.

Primera guinda del final (¡cuidado si no la han visto!): Magistral la manera en la que Juan Oliver traspasa la línea de la absoluta templanza para mantenerse como un cordero entre lobos a convertirse en el más salvaje de todos.

Segunda guinda: “Calzones murió aquí”, una frase digna de terminar esta película.

Tercera guinda: La mirada de “Malamadre” al “Apache”, que le ha traicionado y no ha logrado matarle. “Yo no fallaré”, le dice con los ojos el personaje de Luis Tosar.

Las perlas de “Malamadre”: Las conversaciones con Almansa, el negociador del Ministerio del Interior, no tienen precio por su mala leche. Al igual que la chulería que mantiene con los etarras a los que toma como rehenes y a los que acusa -con mucha razón- de cobardes por matar a mucha gente sólo apretando a un botón desde la lejanía. Otro motivo más para que “Malamadre” caiga bien, a pesar de todo.

El punto débil: Resulta poco creíble que Elena, embarazada de seis meses, se coloque en la vanguardia de los familiares de presos que reclaman información frente a la cárcel. Y que Resines la “remate” con la porra en el suelo y luego se quite el casco para que se le vea la cara, chirría aún más.

Semejanzas: Juan Oliver recuerda a Llewelyn Moss, el personaje interpretado por Josh Brolin en “No es país para viejos”. Dos hombres inteligentes que improvisan sobre la marcha y se enfrentan con sus particulares armas a sus respectivos adversarios.

Ficha comentada

Año: 2009

Duración: 110 minutos

País: España

Director: Daniel Monzón

Lo conocerán por… Apenas ha dirigido películas y antes de que llegara “Celda 211” , las que había creado eran bastante olvidables. “El corazón del guerrero” fue su ópera prima, una película cutre que mezclaba a héroes y villanos de un mundo fantástico con un adolescente interpretado por el que fue actor promesa -y sólo eso- Fernando Ramallo. En “El robo más grande jamás contado” repitió con Neus “morritos” Asensi y contó por primera vez con Antonio Resines, que aquí sí hacía de sí mismo para interpretar a un ladronzuelo que quería dar un golpe demasiado grande. Antes de rodar esta maravilla presidiara, Monzón ya había mejorado con “ La Caja Kovak ”, una película en la que parte del reparto era internacional, con el mediocre actor Timothy Hutton al frente. Es de esperar que una vez alcanzado semejante altura con “Celda 211” , Monzón no caiga al fondo otra vez.

Reparto

Luis Tosar: “Malamadre”, líder de la prisión, sin escrúpulos pero demasiado confiado. Un placer para cualquier actor, pero que no cualquier actor está capacitado para interpretar.

Lo conocerán por… A Tosar, uno de los mejores actores españoles, le gustan los personajes con matices, muy reales o muy extremos. En “Los lunes al sol” era uno de los parados que tenía que enfrentarse a la tragedia de no encontrar trabajo. Un tema, desgraciadamente, de plena y triste actualidad. En “Corrupción en Miami” interpretó a un casi invisible narcotraficante colombiano en este remake que jamás tuvo que ver la luz. Remontándose al año 2003, Tosar fue el Antonio maltratador y posesivo que martirizaba a Pilar (Laia Marull) en “Te doy mis ojos”. Aviso para cotillas: Tosar es novio de la hermosa Marta Etura (Elena, la mujer embarazada y adorada por Juan “Calzones” Oliver).

Antonio Resines: Utrilla, el jefe de funcionarios de la prisión. Odiado por todos debido a sus violentas prácticas, no escapará a la venganza.

Lo conocerán por… Resines es uno de los actores españoles con una de las carreras más extensas sobre sus espaldas, además de tener uno de los mayores problemas que puede tener un intérprete: siempre actúa igual. Es habitual escuchar la frase “Resines hace de Resines”, una definición terriblemente pobre para su profesión. Esta falta de registros se debe principalmente a la poca riqueza de los personajes que elige, pues todos se basan en dos premisas: ser un buenazo o ser un pillo buenazo. En “Celda 211” interpreta un personaje turbio y eso se agradece mucho. También en la triste “La buena estrella” tenía Resines un papel rico en matices, gracias a su amor por una Maribel Verdú redimida que no podía evitar querer a un aprovechado Jordi Mollá. De la presencia de Resines en “Los Serrano” y de la serie en sí, mejor ni hablar.

 

 

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