La condesa Olenska
[Sábado, 30 de enero de 2010] [10.30]
Si un musical no tiene elaboradas canciones, no es bueno. Si un musical adolece de variedad de escenarios, no es bueno. Si un musical carece de una trabajada coreografía, no es bueno. Y como a “Nine” le faltan todas estas virtudes, es fácil llegar a la conclusión de que es un musical malo. Y además, bastante aburrido.
Las letras de las canciones carecen de fuerza. Recuerden “Chicago” -del mismo director, por raro que parezca- y “Sweeney Todd”, los musicales más recientes. Las melodías eran pegadizas, electrizantes y sus letras tenían gancho, decían mucho, estaban bien escritas. En el caso de la película protagonizada por Catherine Zeta Jones, sus temas divertían o emocionaban a la par que aportaban matices a la historia. Y eran todo un espectáculo. En cuanto a la película del barbero asesino, tenían un humor negro maravilloso y emanaban creatividad.
“Nine” es la sombra de un musical. Un amago. Las letras, totalmente olvidables y nada elaboradas. Insulsas, sin alma. Tal vez, las dos canciones que canta el protagonista, Guido Contini, sean las mejores por su desesperación. Y podría salvarse también “Be italian”, de Fergie, por su empuje, o “Cinema italiano” de Kate Hudson, por el show. Pero en ambos casos, es insuficiente.
En cuanto a los escenarios, no existen. Casi todos los temas musicales se concentran en el mismo decorado de los estudios romanos Cinecittà, en los que Contini pretende rodar una película cuya alma se le resiste. No hay atmósferas variadas, ni ricas, ni que den juego. Un musical es sinónimo de espectáculo y en “Nine” apenas se asoma. Que echar arena en el suelo y usar panderetas, o imitar un pase de moda sean los efectos visuales más atractivos es lastimoso.
El único escenario que vale la pena es la bella Italia que el espectador recorre con Guido y que da vida al filme, con sus espectaculares paisajes y sus callejuelas nocturnas que estremecen la mente. Pero eso nada tiene que ver con un musical.
“Nine” está basada en la película “Ocho y medio”, de Federico Fellini, y como muchos supondrán ya, Guido Contini es una alegoría de este director italiano, al parecer tan egocéntrico, inestable, irresistible, egoísta y maestro como su alter ego cinematográfico. Como guinda, atraviesa una crisis artística nada envidiable.
Lo único bueno de “Nine” son algunos de sus intérpretes: el sólido y polifacético Daniel Day-Lewis, la divertida y sexy Penélope Cruz, la sabia y segura Judi Dench y, finalmente, la serena y emotiva Marion Cotillard. La verdadera suerte del espectador es que la película no la haya protagonizado Antonio Banderas, que lo había hecho en los teatros de Broadway. Pero no es una gran fortuna: transcurrida media hora, el espectador ya sabe que está perdido: es consciente de que “Nine” va a ser una mala película y un peor musical. Toca resignarse o marcharse de la sala. Ustedes eligen.
Detalles de Nine
Sophia Loren: No debería haber aceptado este proyecto. A pesar de que se conserve dignamente, no se puede obviar que carga ya tres cuartos de siglo sobre sus espaldas y sus generosos senos. Apenas se puede mover y su presencia en el filme no aporta nada. Al contrario, entristece el recuerdo de la que fue una bella y correcta actriz.
Donatella: La típica aspirante a actriz guapa, vacía, liada con el productor y pésima intérprete. Muy graciosa, lástima que sólo aparezca durante unos minutos.
Guido: Un nombre que odiarán, pues se repite hasta la saciedad en las canciones.
Ficha comentada
Año: 2009
Duración: 112 minutos
País: Estados Unidos
Director: Rob Marshall
Lo conocerán por… Creó “Chicago”, un maravilloso musical -nada que ver con “Nine”- que brillaba a pesar de que su principal protagonista era la horrible Renée Zellweger, a la que acompañaba la guapa Catherine Zeta Jones. Dos mujeres ambiciosas y asesinas que aspiran a ser las reinas del vodevil, aderezadas con estupendas coreografías y culminadas con trajes de lentejuelas y flecos unidos a metralletas. Un cóctel genial con un inevitable fallo: Richard Gere, uno de los peores actores de Hollywood y, para más inri, pésimo cantante. Rob Marshall ha dirigido pocos filmes, entre ellos “Memorias de una geisha”, olvidable adaptación de la novela del mismo nombre que sólo tenía un valor visual y estético, gracias a los colores de los kimonos, los paisajes y los ojos increíblemente azules de Zhang Ziyi. Marshall dirigirá la cuarta entrega de “Piratas del Caribe”, quitándole el puesto a Gore Verbinski, autor del resto de la saga.
Reparto:
Daniel Day-Lewis: El egocéntrico, simpático y muchas veces odioso director de cine Guido Contini, admirado y amado por demasiadas mujeres a la que acabará dañando.
Lo conocerán por… Este extravagante hombre que rompió con la bella y desaparecida (profesionalmente) actriz francesa Isabelle Adjani por fax y que se retiró a la hermosa Florencia para ser aprendiz de zapatero (sí, aprendiz de zapatero) es un gran intérprete. Ha ganado dos Oscar, el primero por la maravillosamente triste “Mi pie izquierdo”, en la que recreaba la vida de Christy Brown, un valiente escritor y pintor que a pesar de estar paralizado físicamente nunca se rindió. La segunda estatuilla dorada la recibió por ser un petrolero codicioso en la reciente “Pozos de ambición”. El conflicto terrorista de Irlanda -Daniel Day-Lewis tiene también esta nacionalidad- ha estado muy presente en su carrera: el tema del IRA aparecía en “The Boxer” y, sobre todo, en el duro filme basado en hechos reales “En el nombre del padre”, donde repetía con Jim Sheridan -“Mi pie izquierdo”-. En “La edad de la inocencia” era un sacrificado Newland Archer, acorralado por las estúpidas reglas sociales de la alta sociedad neoyorkina del siglo XIX y enamorado locamente de la condesa Olenska (ejem, ejem). Una película dirigida con maestría por Martin Scorsese y genialmente interpretada tanto por él como por Michelle Pfeiffer.
Judi Dench: Liliane La Fleur , diseñadora de los vestuarios de Contini, paciente confidente tanto de él como de su resignada -no para siempre- esposa Luisa.
La conocerán por… En “Diario de un escándalo” era una profesora lesbiana y obsesiva, que hacía la vida imposible a una hermosa Cate Blanchett, a la que chantajeaba por haber tenido un desliz con un atractivo y demasiado joven alumno. Dench ha interpretado en cuatro ocasiones a M, la jefa de James Bond, cargo que ha ocupado desde “Goldeneye”, con el mediocre Pierce Brosnan, hasta “Quantum of Solace”, con el duro y atractivo Daniel Craig. Kenneth Branagh (¿qué es de la carrera del ex marido de Emma Thompson?) chirría como actor pero tiene buen ojo a la hora de elegir a los intérpretes de sus adaptaciones -no siempre buenas- de Shakespeare: eligió a Dench para “Enrique V” y “Hamlet”.
Penélope Cruz: Carla, la amante de Contini. Explosiva, sensual, no muy lista y entregada. Demasiado entregada.
La conocerán por… Penélope, denostada por muchos, es una de las mejores actrices del sobrevalorado cine español. Guapa, lista y buena intérprete, afortunadamente no tiene nada que ver ni con Paz Vega ni con Elsa Pataky, que intentan ahora poner sus lindos piececitos en Hollywood. Es cierto que Cruz ha comenzado su carrera en Estados Unidos de manera lamentable, protagonizando los fracasos de estrellas ya consolidadas: “La mandolina del capitán Corelli” con Nicolas Cage, “Vanillla Sky”, con Tom Cruise” o “Blow”, con Johnny Depp, son algunos de sus muchos fiascos. De hecho, ha sido sólo con obras europeas o españolas como ha sido reconocida por el star system. Con la flojísima película “Vicky Cristina Barcelona”, de Woody Allen, consiguió el Oscar a la mejor actriz de reparto, un hito que, les guste o no, no ha alcanzado todavía ninguna española. En “Volver” era una estupenda Raimunda, guapa, culona, con mucho coraje y un sentido del humor costumbrista. Es cierto, Pe ha hecho muchos bodrios. Pero no es menos cierto que es una gran actriz, que ha demostrado mucho en el cine español y que le queda una extensa carrera en la meca del cine. Le pese a quien le pese.