La condesa Olenska
[Viernes, 6 de noviembre de 2009] [10.00]
Ya está hecha, así que tampoco hay por qué tirarla a la basura. Es visiblemente soportable la secuela de “[•REC]” y seguramente entretenga a muchos. Al resto, no pocos, puede que les llegue a provocar algún bostezo mental que otro y se echen en cara, sin casi darse cuenta, estar viendo este filme ya visto. Afortunadamente, la mayor virtud de “[•REC]²” es, sin duda, que sólo dura una hora y 15 minutos.
Es incomprensible que todavía no se haya convertido en parte del sentido común de cualquier director de cine recortar el metraje si la historia no da para más. No obligatoriamente todas las películas deberían durar dos horas, a pesar de que parezca que hay una ley no escrita que así lo obligue. Recuerden “Australia”, esa megaproducción que confirmó que el botox es el peor enemigo de Nicole Kidman y que duraba tanto como “Lo que el viento se llevó”. Hagan memoria y piensen en cuántas veces pensaron que la película había terminado y, sin embargo, se empeñaba tozuda en continuar, abortando varios finales por el camino y causando numerosas víctimas entre los espectadores.
Jaume Balagueró y Paco Plaza han tenido el acierto de hilar bien la secuela. Se retoma apenas dos horas después de que Ángela, la reportera, asustada, gritona y mandona de la primera parte haya sido arrastrada ante la cámara. Ahora, cuatro miembros del GEO y un “científico” del Ministerio de Sanidad acuden a la casa para dar por cerrado el contagio.
Cada agente lleva una cámara en el casco, por lo que el espectador tendrá cuatro visiones diferentes sobre lo que ocurre en este maldito edificio de Barcelona. Un acierto de la dirección bicéfala. Además, en mitad del filme aparecen tres personajes nuevos que nos darán otra nueva perspectiva. Un giro llamativo y otro punto para los creadores.
El final también es bueno, inesperado. Y abre la puerta a una tercera parte que será aún más prescindible de ver. A no ser que Balagueró y Plaza mejoren su capacidad de sorpresa y no vayan sólo a la superficialidad de la forma, sino rasquen un poco en el contenido.
Y se acabaron aquí los racionados elogios. “[•REC]²” vuelve a pecar ,como su antecesora, de un pésimo casting de actores. Es incomprensible cómo se puede fallar tanto a la hora de elegir a los actores y luego volver a repetir dos años después en semejante error. Es cierto que en esta secuela son mejores que en la anterior, donde algún que otro vecino resultaba sobreactuado y más propio de “Escenas de matrimonio” que de la gran pantalla -véanse la madre de la niña enferma y el policía local-. Pero aquí, alguno querrá matar con sus propias manos al “científico” y su extraño acento. Por no hablar del trío de adolescentes y su muñeca hinchable.
El objetivo de este filme -respetable, por otro lado- es obtener dinero en la taquilla. Y lo conseguirán. Además de ser un ejercicio de autocomplacencia, un regodeo con un éxito del pasado que Balagueró y Plaza calcan casi tal cual, como si con ello se hiciera un favor a los fanáticos que se crearon. Es ideal para aquéllos a los no les importe volver a ver lo mismo que ya se proyectó hace dos años. Se antoja esta secuela como si “[•REC]” fuera una serie televisiva.
Así que ya es suficiente. Totalmente descartable la tercera parte, aparentemente innecesaria. Dando una oportunidad a “[•REC]²” ya se hace un favor a Balagueró y Plaza. Ellos lo agradecen con un filme que sólo dura 85 minutos, al que incluso un poco de tijera no le hubiera venido mal. A esa casa catalana muchos no van a volver querer entrar. Y no por miedo, sino por aburrimiento.
Detalles de “[•REC]²”
Imágenes ciegas: A diferencia de la primera parte, en esta secuela las imágenes se vuelven borrosas en numerosas ocasiones, debido a que las cámaras ya no son las profesionales de una televisión, sino pequeños aparatos colocados en el casco de los agentes o una videocámara en manos adolescentes. Un buen recurso para dejar correr la imaginación del espectador.
Sonidos mudos: Además de una imagen poco nítida, en varios momentos de la película se pierde el sonido. De nuevo, se alerta la creatividad del que ve y coloca los sentidos a flor de piel gracias precisamente por la falta de los mismos.
La muerte de Larra: En una película donde la parca es un personaje más, no es ninguna sorpresa desvelar que este agente fallece. La manera en que lo hace es la más angustiosa.
Calladita: Manuela Velasco (Ángela) no grita. Es de agradecer, en la primera parte resultaba verosímil pero muy pesada.
Más creíble: Que todo esté grabado, porque las cámaras están en los cascos de los agentes y no molestan. En “[•REC]”, llega un momento en el que no se entiende por qué Pablo, el operador de cámara, no suelta la ídem para proteger a ambos y luchar contra los zombies. Sin embargo, y fuera de toda lógica, prefiere que sea Ángela la que se vaya defendiendo sola mientras él graba. Irreal.
Menos creíble: La historia en sí. El momento “exorcismo-cura-reconocimiento de voz”. La trama resulta más un MacGuffin hitchckoniano que un hilo argumental real.
Ficha comentada
Año: 2009
Duración: 85 minutos
País: España
Directores: Jaume Balagueró y Paco Plaza
Los conocerán por… Jaume Balagueró es veterano en lo que a realizar películas de miedo se refiere. Entre ellas se encuentra la fallida “Darkness”, un filme que empieza bien y que se va desinflando lentamente, hasta llegar a un final decepcionante. Una película fácilmente olvidable que sirvió para comprobar una vez más que la hermosa y graciosa hija de Holly Hunter en la magnífica “El Piano” se ha convertido en la sosa, inexpresiva y feúcha Ana Paquin del presente. “Frágiles”, una posterior y mejor película de Balagueró, estaba protagonizada por una delgada Calista Flockhart, enfermera junto con la poco aprovechada Elena Anaya en un hospital en el que a los niños se les rompían los huesos por culpa de una pequeña que sufrió demasiado en el pasado. Balagueró ya demostró en el pasado que no le importaba dirigir cualquier cosa si a cambio le ponían un contundente cheque delante. Fue el creador del filme-documental “OT, la película”, donde tuvo la “suerte” de intercambiar profundos puntos de vista cinematográficos con Chenoa, los dos Davides (Bisbal y Bustamante) y la gran Rosa de España. Ahí es nada. En este “proyecto” ya se asoció con Paco Plaza, que también se ha decantado siempre por películas de miedo como “El segundo nombre”, filme con un nombre, valga la redundancia, muy parecido al de su pareja de hecho, pues Balagueró había dirigido “Los sin nombre” tres años antes. Luego realizó “Romasanta, la caza de la bestia”, una historia licántropa protagonizada por la mala actriz Elsa Pataky y el perturbador Julian Sands (“Mi obsesión por Helena”).
Guionistas: Jaume Balagueró, Manuel Díez y Paco Plaza. Mucha gente para un guión tan vacío de contenido y en el que sólo destacan las dos visiones diferentes que se dan de la “casa encantada” y el final, sorprendente. ¿Se encargó cada uno de ellos de una de las ideas?
Reparto:
Manuela Velasco: Ángela, la periodista protagonista de la primera parte, a la que ponía fin mirando a la cámara mientras era arrastrada por los pies. Pondrá el broche final a “[•REC]²”.
La conocerán por... Ser una de las muchas chicas monas y ¿huecas? que presentaban los vídeos musicales de “40 Principales”. Su espontaneidad y sus tacos la hicieron un poco más conocida que sus muchas veces guapos pero oligofrénicos compañeros. Además, Manuela es sobrina de la gran Concha Velasco y sólo por eso merece un respeto. Además, cuando apenas tenía diez años participó junto con Carmen Maura, Antonio Banderas y Eusebio Poncela en “La ley del deseo”, película de la época ochentera, petarda y más homosexual de Pedro Almodóvar. Su gran oportunidad cinematográfica llegó con “[•REC]”, película con la que recibió muy buenas críticas a pesar de su exceso de griterío. En esta secuela lo hace mucho mejor.
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