PAISANAJES Y VIEJAS ESTAMPAS DE TITERROY

 

De escuelitas y maestros abundó Titerroy

 

Rafael Fuentes

[Viernes, 16 de octubre de 2009] [10.00]

 

 

 

 

 

Juan Carlos y Macarena Fuentes Moreno en la escuelita de Luz Rosa (Curso 1970-71)

 

Aquellos días, además de la propia familia, que se volcaba en impartir provechosas lecciones de urbanidad, es decir, cortesía, comedimiento, atención y buen modo, el vecindario también participaba en la instrucción de los chinijos.

Tal es así que, de practicar la vecindad y frecuentar a los vecinos, muchos aprendimos a mostrar un comportamiento respetuoso con las normas de convivencia pública; ese interés extremado y activo por lo colectivo que andando el tiempo e instaurados los derechos políticos y las libertades públicas se nos ha dado en llamar civismo.

Otro factor que influyó decididamente en nuestra formación en valores fue ‘la escuelita', una suerte de guardería-academia con programa formativo que abundó en éste y en otros barrios cuando no existía regulación de la educación preescolar, y el sistema educativo español mantenía deficiencias importantes de escolarización al no haber suficientes puestos escolares para todos los chinijos que querían ir a la escuela. Y, tiempo antes de que se promulgara la Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa, que además de reformar el sistema educativo desde la primaria hasta la universidad, establecía la escolarización obligatoria hasta los 14 años.

Fue en aquellas escuelitas donde a muchos de mi generación, y de otras próximas en el tiempo, nos enseñaron a aprender. Primero, haciendo rayas y palotes y, después, leyéndonos la cartilla. El maestro o la maestra, además de sus lecciones de los distintos grados de la ‘Enciclopedia Álvarez', impartía disciplina y ejemplar castigo con licencia de nuestros padres. “Si se portan mal, pégueles”, recuerdo oírle decir a mi madre al mismo tiempo que junto con mi hermano nos confiaba a su cuidado.

Los maestros, en su gran mayoría, aplicaban castigos físicos valiéndose de la misma regla de madera que también les servía para señalar lo escrito en la pizarra. Otros escarmientos recurrentes consistían en disponer al alumno en un rincón mirando hacia la pared o colocarle tremendas orejas de burro para escarnio de la clase.

Todavía conservo fresco en la memoria el exceso de uno de aquellos castigos que me tocó ver, y que por su extrema crueldad hoy sería considerado delito, que lo es. Un compañero con las piernas desnudas y los brazos extendidos, soportando sobre cada una de las palmas de sus manos los tres grados de la ‘Enciclopedia Álvarez', yace de rodillas sobre una capa de rofe de un metro y pico de largo extendido ex profeso en un rincón del aula...

Dicen que eran otros tiempos. Dicen.

 

I

 

En mi caso, pronto quise ir a la escuelita acompañando a mi hermano Manolín que aquel año de 1962 asistía por primera vez a la que regentaba Manolo García, el hijo de Basilio el guardia, en la calle de Tinamala, concretamente en un almacén junto al rebaño propiedad de ‘siño Manuel el de las cabras', padre de Modesto y Ruperto Martín.

En casa, cuando celebramos encuentros familiares, siempre recordamos aquel momento en la escuelita de Manolo que Juanito Medina –fallecido en accidente de moto- confió su bocadillo al cuidado de Manolín mientras sacaba punta al lápiz. Y, mí hermano, tan pancho, se lo comió...

 

II

 

Unos años más tarde, acudimos a las enseñanzas de Tita Barreto, la hija de Marcelo y Margarita, que primero tuvo la escuelita en el domicilio de sus padres, en la calle de Alcalde Lorenzo Cabrera, frente a la Plaza Pío XII. Trasladándola luego hasta la calle de Tinamala, en la misma casa que Chano el carnicero guardaba dos o tres vacas y otras cabras y animales.

En 1964, mientras estábamos en una sesión en casa de Tita, y que ésta nos entretuvo más de la cuenta -hoy sé que por indicación de mi padre-, mamá alumbró a mi hermana Macarena de tal suerte que nos la encontramos recién nacida al volver de clase.

Además de las vacas cruzando el pasillo, otra que no se me olvida de cuando la escuelita de Tita estaba en casa de Chano, es que descosí el maletín para cambiarle las asas del mismo a Antonillo ‘el chatarra'. Todavía no sé porqué lo hice ni cuál fue el trato con ‘el chatarra' pero sí me acuerdo del tamaño de la bronca que atronó mi madre...

 

III

 

La escuelita de Luz Rosa (1968)

 

Cuando llegó el momento de afrontar la escolarización mis padres, en lugar de inscribirnos en el Colegio Nacional Sanjurjo Maneje –hoy CEIP Titerroy-, nos apuntaron en la escuelita de Luz Rosa Hernández la hija de Juanito el cartero, que estuvo frente a la tienda de Modesto, en una finca que hace esquina a la calle de José Pereyra Galviaty en su abrazo con la de Cuenca, y de la que guardo mil y una anécdotas y cientos de gratos y vivos recuerdos.

En realidad fueron las enseñanzas de Luz Rosa, que nunca recurrió a los golpes o castigos físicos ni al ridículo para inducirnos a la reflexión o exigirnos respeto, lo que me animó a tener mundo. De ahí que me detuviera por espacio de algunos años en el magisterio de sus lecciones, justamente hasta septiembre de 1970 que accedí al bachillerato elemental en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Arrecife, llamado más tarde sección delegada del Blas Cabrera Felipe y renombrado hoy, IES Agustín Espinosa.

Durante los años que pasé en aquella escuelita, además de la etapa de Primer Grado que duraba hasta los 7 años, y de cumplimentar cientos de cuadernillos ‘Rubio' de caligrafía y ejercicios, estudié el segundo que correspondía al 3º y 4º curso del periodo elemental, y dos veces el Tercer Grado que iba de 12 a 15 años. Finalmente, en 1970, cuando contaba 9 años de edad, realizo con notable éxito el examen de acceso al Bachillerato.

Así que fue justo el tiempo que duró el examen de acceso ante el maestro don Narciso Pérez en el Sanjurjo Maneje lo que permanecí en la escuela pública; de ahí que también deba a la escuelita el no haber cantado nunca ‘cara al sol con la camisa nueva'.

De entre las innegables cualidades y destacados recursos de maestra que poseía Luz Rosa, estaba el haber sabido adecuar la mecánica y los valores pedagógicos del programa ‘Cesta y puntos' –que entre 1966 y 1971 emitió Televisión Española causando verdadero furor entre los estudiantes de bachillerato- a su práctica docente en aquellos años.

De modo que en lugar de fijar exámenes o instaurar reválidas repartía a sus alumnos en equipos teniendo en cuenta el nivel de conocimientos que cada uno atesoraba, y los enfrentaba en un concurso que seguía las reglas del baloncesto y cuyos ganadores, conseguían premios personales y para el equipo en el que jugaban.

Recuerdo que la competencia en el enfrentamiento se extendía hasta el final de cada curso, y animaba al estudio y a la preparación de las eliminatorias que celebrábamos en sábado que entonces era día lectivo. Unos premios consistían en unas libretas o cuadernos con resorte. Otros eran unos simples bolígrafos. En alguna ocasión, una bolsa con un kilo de caramelos de la vaquita. Ganarlos en concurso, sabía a gloria.

Luz Rosa se sentía orgullosa del éxito alcanzado por sus alumnos, y siempre nos ponía de ejemplo la aplicación y el empeño de Pepe Noda, el hermano de Juan y Carlota, al que ella había impartido sus lecciones y ya entonces cursaba estudios en la Escuela de Magisterio.

En aquella escuelita de Luz Rosa, corría el año de 1967 cuando me enamoré por primera vez y perdidamente de Margarita Morera Aparicio sin que ella nunca lo advirtiera. También fue durante mi estancia allí cuando más boliches conseguí acumular aun siendo bastante malo en el juego, y es que los obtenía a cambio de resolverle los ejercicios de matemáticas a Nicolás Caraballo, el hijo de María de Ganso, que era campeón de Titerroy...

 

IV

 

Libro de calificación escolar de Rafael Fuentes (Curso 1970-71)

 

Aquellos años, además de las ya mencionadas y que regentaron Manolo, Tita y Luz Rosa, respectivamente, había otras escuelitas en Titerroy y en sus alrededores. Es el caso de la que gestionó doña Obdulia en la calle Gaire. Y Gregorito en la calle de Manuel J. Álvarez, frente a la Plaza Pío XII. Y don Valeriano en La Vega, junto al callejón de Isabel Rojas. O Maricharo, en la calle de Tinamala...

Y, aunque nunca frecuenté la escuela nacional tampoco olvido a don Virgilio y don Narciso Pérez y don Francisco Fajardo, y al entrañable don Nicolás Martín, que aquellos días ejercían su magisterio en el Sanjurjo Maneje.

En mi caso, y después, vino lo del instituto, la guagua de Alberto, la librería de la viejita...pero esos son otros paisanajes y más viejas estampas de Titerroy.

 

 

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