HÁBITAT MUNDI

 

Vientos sobre la colina

 

Pablo Donadío

[Martes, 14 de julio de 2009] [09.00]

 

 

 

 

 

Montmartre supo ser el centro de la vida intelectual y artística de París. Un paseo por las angostas calles de la colina en la que proliferaron en el pasado los molinos de viento. El famoso Moulin Rouge, el Café los 2 Molinos, la Basílica del Sagrado Corazón y la iglesia de San Pedro, cuya historia se remonta al año 1147.

Revitalizado por Nicole Kidman y Ewan McGregor –en la remake del film que protagonizó décadas atrás Zsa Zsa Gabor– e inmortalizado por Toulouse Lautrec, el Moulin Rouge es uno de los iconos de París. Ubicado en el barrio rojo de Pigalle, a los pies del cerro, el tradicional cabaret fue el escenario de las revistas y shows que desde sus inicios llamaron la atención tanto a los franceses como a los visitantes que llegaban allí intrigados por la “fama” del Moulin. Pese a que desde su creación en 1889, los atrevidos espectáculos que se presentaban puertas adentro despertaban escandalizados comentarios en la alta sociedad de la época, el gran molino rojo no se detuvo ante lo “prohibido”.

El Moulin Rouge es también un emblema de la colina de Montmartre, la antigua villa anexada a París en 1860, que se fue transformando en un lugar de bohemios y artistas como Toulouse Lautrec, Steinlen, Van Gogh, Modigliani y Picasso.

Emblemas parisinos

Actualmente Montmartre es un barrio comercial, plagado de cafés y restaurantes donde sobrevuela ese aire cultural del pasado. Además del activo Moulin Rouge –conservado con celo y apenas remodelado para combatir el deterioro de los años–, uno de los destacados y más retratados de la zona es el Café los 2 Molinos, donde transcurre parte de la película El fabuloso destino de Amélie Poulain. Otro lugar imponente e importante en Montmartre es la Basílica del Sagrado Corazón, que fue construida como un monumento público a la memoria de los ciudadanos franceses que perdieron la vida durante la guerra franco-prusiana. De estilo romántico-bizantino, llama la atención sobre todo por estar edificada en piedra blanca y tener forma de cruz griega. La basílica tiene una gran cúpula central, sobre la cual se colocó una de las campanas más grandes del mundo, con un peso que ronda aproximadamente las 18 toneladas. Por detrás de la basílica está la plaza, un espacio verde con terrazas muy concurridas por los turistas ya que desde allí es posible ver la silueta de la Torre Eiffel en la suave bruma del cielo parisino. Y a un costado, el río Sena.

Más allá de estas postales de Montmartre, es bastante sorprendente lo poco conocida que es la iglesia de San Pedro, ubicada al lado del Sagrado Corazón, cuya historia se remonta al 1147, año en que fue consagrada. Sus instalaciones formaron parte de la Abadía de Mujeres, lugar donde damas de la aristocracia eran recluidas a la vida monacal. Durante los convulsivos años de la Revolución Francesa de 1789, se demolieron todos los edificios contiguos a San Pedro, quedando únicamente la iglesia en pie.

En lo alto

Llegado en 1886, Vincent Van Gogh fue uno de los artistas que más obras realizó tomando como tema Montmartre y sus molinos. Al estar elevada sobre el nivel del mar y ser un peñasco en tierras planas, la villa de Montmartre fue un sitio propicio para los molinos de viento. Es así que se fueron instalando los grandes armazones de madera coronados por aspas que se usaban para moler trigo, prensar uvas o triturar otros productos y materiales. Los pintorescos molinos también fueron una fuente de inspiración para fotógrafos como Gustave Le Gray o Hippolyte Bayard, cuyos trabajos testimonian una imagen de París donde se destacan las estructuras “desmontables” de madera con sus aspas. Este armado y desarmado era clave para la actividad diaria del molino. Además, las aspas podían reorientarse según soplara el viento: una larga viga servía para hacer palanca y mover al molino de cara a las corrientes. Al final del siglo XIX, sólo tres molinos de viento situados entre la rue Lepic y la avenida Junot lograron sobrevivir a la industrialización de molinos harineros, así como a la explotación de las canteras de piedra. El más antiguo era el Moulin Blute-Fin (o molino de molido fino), que estaba en el lugar más alto de la colina, construido en el año 1622. El Moulin Radet (Debray, Galette) fue instalado en 1717 y en 1830 se lo trasladó a su lugar definitivo, la rue Girardon, donde finalmente cambió su oficio convirtiéndose en el primer Moulin de la Galette , con sala de baile. El último molino construido en Montmartre y el de más corta vida fue el pequeño Moulin à Poivre: armado en 1865, sirvió para moler especias y bulbos de lirios para perfumes hasta que en 1911 tuvo que darle paso a la Avenida Junot y desapareció para siempre.

Aquellas laderas supieron ser también tierra fértil para las vides, de las cuales sólo se conserva apenas un pequeño viñedo, valorado por su belleza más que por la cantidad de botellas producidas.

 

[ Publicado en Página/12, suplemento Turismo, el domingo 5 de julio de 2009 ]

 

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