Gianni Cesarini
[Jueves, 7 de mayo de 2009] [09.00]
Noche tras noche este antiguo dolor
que en el día la luz difumina
en un cálido olor de geranios,
vuelve a morder la misma herida.
Sepultados los gritos en la tierra que asombró
mis ojos vírgenes de lista mirada.
Donde mis gritos callé por temor a herir el aire,
donde callé mi voz para llenarla de sonidos,
donde nada poseía salvo un teclado.
Es triste quedarme aquí, entres aulagas y perros.
es triste ser llamado extranjero,
aún más triste volver donde ya nada queda,
donde sólo bailan espectros.
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