Ángel Valiente
[Viernes, 24 de abril de 2009] [11.00]
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Pues parece que definitivamente el cine catalán va a ser el que salve el cine español, por mucho que esta afirmación le pueda picar a alguien.
No parece casualidad que las dos mejores cintas del certamen vistas hasta la fecha y que tienen pinta de acaparar el palmarés del sábado, hayan sido catalanas. Y es que esta gente sabe cuidar sus cosas y darles salida. Saben cómo buscar financiación para sus proyectos y todas las instituciones públicas y privadas aúnan fuerzas remando en la misma dirección para que se pueda hacer cine en Cataluña, para que una muchacha de apenas 28 años pueda firmar una película tan elegante, correcta y si me apuran mordaz como la que hoy ha presentado. ¿Se imaginan en otras comunidades a la televisión autonómica colaborando con un ayuntamiento de signo político distinto colaborando para sacar adelante un largometraje? Acabarían haciendo una peli cada uno y el resultado sería dos pelis malas y una posiblemente buena no realizada.
Pero en Cataluña, no. Por lo que estamos mamando a diario en el festival, en Cataluña todo el mundo usa la razón para las cosas lógicas. Y esa razón hace posible proyectos-concursos como Ópera Prima, que permiten que se acaben haciendo films como “Tres días con la familia”.
Con la excusa de la muerte del patriarca de un clan, Mar Coll junta en un mismo espacio a una familia de cuatro hermanos, con sus respectivas cónyuges, sobrinos, sobrinas, primos y primas, para descubrir como ni siquiera en los momentos amargos de la muerte del abuelo son capaces de olvidarse las viejas rencillas que haya habido en el pasado. No debe haber gran comunicación entre ellos cuando uno de los hermanos, el interpretado por un soberbio Eduard Fernández, aprovecha que están todos juntos para anunciar que lleva separado dos años, justo cuando la exmujer aparece en pantalla para continuar la pantomima de mujer fiel, esposa y amante. La hermana del clan es mal mirada en general por todos porque en su última novela de éxito retrata de mala manera a quién sus hermanos reconocen claramente como su padre, de cuerpo presente. La burguesía en general, y la catalana en particular, ironizada con crudeza en su máximo exponente.
Y es que la familia no se elige. Está ahí, simplemente. Se nace en el seno de un hogar en el que convives a lo largo de mucha parte de tu vida con tus padres y hermanos, luego novios y novias, hijos, sobrinos, primos, familia política…Y en realidad luego al final el que diga que se siente tan a gusto en cualquier reunión familiar como en el sofá de su casa, en la intimidad de su hogar con el pequeño grupo de personas con quien ha decidido compartir su vida al salir de la casa paterna, cónyuge y/o hijos o incluso solo, simplemente miente.
Las rencillas familiares siempre están ahí, porque somos, simplemente, distintos. No proclamo desde aquí, créanme, la ruptura total con la familia, ni mucho menos, pero tampoco me parece lógica que lo normal acabe siendo ir a comer paella cada domingo en casa de la suegra, o de la madre, convirtiendo así el domingo en un día laborable más, con quehaceres no deseados.
“Mantente unido a tu familia. En sus cadenas serás libre”. Los Planetas dixit.
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