PEQUEÑOS POEMAS DE AMOR Y DESAMOR

 

Pequeñas historias de pesca (I)

 

Gianni Cesarini

[Jueves, 2 de abril de 2009] [09.00]

 

 

 

 

 

Intentaba pescar sargos

desde un alto escollo

en la Cañada de la Mareta,

donde la mar es asesina, dicen,

cada año cae alguien y se ahoga.

Mas la mar no es asesina

quien cae no sabe lo bastante

de viento, olas, mareas.

 

Intentaba pescar sargos

con caña de carbono

y carrete de gran calidad,

pero los éxitos se dejaban esperar.

Y llegó un hombre pequeño

la cara curtida del tiempo

del sol, del viento,

máscara de dios helénico.

Deslumbraron sus ojos sin edad

me asombró ver su larga caña de una sola pieza,

pintada de azul

en la punta un cuerno de cabra

y en la punta del cuerno

una borla roja de algodón.

 

Me saludó con voz baja y armoniosa:

“Molesto si pesco un rato aquí.”

Se sentó sobre una piedra,

armó el anzuelo, lo dejó caer al agua,

y, un segundo después,

se levantó como relámpago,

la caña silbando

un gran pez dibujando

un arco iris palpitante.

Una vieja hembra, densa de colores, un pez

que sólo se encuentra aquí.

Tres veces el pescador repitió la faena,

y dijo: “Para hoy tengo bastante”,

y terminó de llenar una gran mochila.

Olió mi maravilla y me habló de este arte de pescar:

la vieja siempre llega de arriba, y come con suavidad,

cuando la borla baja hay que tirar,

sin hesitar, a gran velocidad.

Y come pequeños cangrejos y nada más.

Habló de mareas, de los peligros,

de los pesqueros más adecuados,

me regaló un par de anzuelos grandes,

un puñado de cangrejos, y se marchó.

No lo vi nunca más.

 

Un día, otro viejo pescador

me vio manejar una larga caña pintada de azul.

Se acercó con ojos de maravilla:

“Donde aprendió,

esto lo hace Juanito de Las Breñas

el mejor pescador de viejas,

el pescador solitario

que nunca habla con nadie.”

 

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