Las salinas de la capital presentan un grave deterioro

Esqueletos de sal: recorrido por lo que queda de las salinas de Arrecife

Únicamente las piedras duras y resistentes, que se traban y articulan entre sí hasta formar un conjunto y dar cierta consistencia a los maltrechos cuerpos, sostienen a duras penas sus desprotegidas partes blandas. Desnudas de cualquier uso y actividad, violentadas por la inmensa desidia de quienes han gobernado la ciudad, las salinas de Arrecife muestran hoy sus esqueletos de sal.

R. Fuentes | F. de la Cruz | M. de la Hoz
[Martes, 31 de marzo de 2009] [09.10]

Arrecife tuvo un reciente pasado en el que floreció la industria salinera para satisfacer la ingente demanda de las fábricas y de su flota pesquera, que en su época fue la más importante de Canarias, y atender también el abastecimiento en el creciente consumo de la población de esta y de otras islas.

Aunque la producción y comercio de la sal iba a transitar los cuatro últimos siglos de la industria en Lanzarote, que contó con las salinas más antiguas de las islas, las del Río, al pie del macizo de Famara, documentadas en 1590, no sería hasta la segunda mitad del siglo XIX que Arrecife centró su interés en esta actividad económica.

Así que desde 1775, que Manuel de las Armas Scorcio Bethencourt (coronel gobernador de las armas de la Isla ) solicita la aprobación real para instalar una industria salinera en el Charco de San Ginés, hasta principios de la década de los 50 del pasado siglo, cuando fueron terminadas de construir las salinas de ‘Matos Verdes' en la Playa del Reducto, los ingenios salineros florecerían en Arrecife al socaire y bonanza de la industria pesquera.

Durante más de un siglo de significados trabajos, incontables manos se aplicarían con afán y maestría en la construcción de estas singulares obras de la ingeniería popular hasta concentrar el término municipal de Arrecife más de la mitad del total de 27 ingenios salineros que en tiempos tuvo Lanzarote.

Todavía hoy, si nos atrevemos con un paseo a lo largo de la franja costera del municipio, desde la orilla más occidental en La Bufona y hacia el Este en la Playa del Reducto, Islote del Francés hasta Puerto Naos, Punta Chica y Punta Grande, localizamos los descarnados restos y secos jirones de piel de la vilipendiada identidad salinera de Arrecife.

Casi una decena de aquellos complejos salineros, que antaño se proveían de agua del mar mediante pozos para, con ayuda de la fuerza del viento y el ingenio de sus molinos, elevarla hasta los cocederos que aterrazaban el terreno delimitando su orografía, se encuentran hoy en día en un estado lamentable, presentando la mayoría de ellos daños estructurales.

Las salinas de este municipio, de las que algunas permanecieron productivas hasta bien entrada la década de los 70 del siglo pasado, ya no visten la hermosura que tuvieron. Sus molinos tampoco juegan a hinchar músculos con giros de viento. Y en los cocederos, hace años que se ausentó el agua deshidratando el barro; empujando las piedras de sus terrazas al vértigo de la cascada. En los tajos ya no se precipita la sal... Hace mucho tiempo que la luz del sol y su ambigua sombra dejaron de inventar colores en las paletas de sus tajos compuestos para pintar de hermosas acuarelas el litoral marino de Arrecife.

Todas estas piedras e ingenierías son bienes que desde el punto de vista del patrimonio cultural hablan de la importancia de la industria salinera en el pasado más reciente de este municipio. Los ingenios salineros de Arrecife también constituyen, desde el punto de vista de la ecología, uno de los mejores ejemplos de intervención y aprovechamiento racional de nuestro ecosistema.

Burocracia

El conjunto de las salinas de Naos, éstas contaban con doble protección, aparte del perímetro de protección del cercano Castillo de San José: por un lado, la que le otorgaba el Plan Insular de Ordenación de Lanzarote de 1991, que recoge este complejo histórico con su correspondiente categoría de protección dentro del catálogo de ambientes y espacios libres protegidos.

Además, con independencia de este instrumento de ordenación, le asistía la cobertura administrativa de un expediente incoado para declaración y delimitación de Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento Histórico de fecha 17 de junio de 2003. Hoy caducado por la desidia de todas las administraciones.

Las Salinas de La Bufona se encontraban igualmente protegidas mediante expediente de incoación de Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento de fecha de 17 de junio de 2003. E igual que sucedió con las de Naos, el expediente caducó sin que nadie dimitiera.

 

 

 

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