En el subsuelo del paisaje protegido de La Geria, reptando entre los municipios de Tías y Tinajo, discurre el tubo volcánico de 2,1 hectáreas que da entidad e identidad a la Cueva de Los Naturalistas, en Masdache. Un elemento geomorfológico singular y altamente representativo de estructuras insulares, con galerías y salas de gran belleza e interés científico, lo que le confiere una importancia destacada entre las restantes cuevas del archipiélago.
Ángel Jesús Bonilla Lemes, miembro del Grupo de Espeleología Benisahare, contaba 23 años de edad y era un joven casi imberbe aquel día de mayo de 1991 que se dirigió por escrito al Registro General del Cabildo de Lanzarote para alertar a la primera y máxima institución de la Isla sobre los peligros de derrumbe que, ya entonces, amenazaban la integridad física de la Cueva de Los Naturalistas, conocida también como Cueva de Las Palomas.
Los espeleólogos, que estaban realizando un catálogo topográfico de las cavidades de la Isla, alertaron entonces del gran deterioro que sufría el interior de la Cueva de Los Naturalistas, y que era ocasionado por el paso de vehículos por la carretera que discurre entre las localidades de Masdache y La Vegueta, cuyo trazado recorre una zona de la cueva donde se producen derrumbes, “pudiendo ocurrir la desgracia de destrozar este bello ecosistema subterráneo, único en Canarias, además de poder producirse una desgracia al derrumbarse el tubo mientras, por casualidad, pasara un vehiculo”.
En 1991, los espeleólogos pedían a la Corporación insular “la protección de esta cavidad aconsejando el desvío de esta carretera en el tramo que está situado por encima de la cueva, para evitar los grandes peligros que pueden ocurrir y que todos debemos evitar”.
La Cueva de Los Naturalistas no es una cavidad cualquiera; lo dicen sus características generales que la definen como un elemento geomorfológico singular y le confiere una importancia destacada entre las restantes cuevas del archipiélago. De hecho, este espacio fue declarado por la Ley 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias como Parque Natural de La Geria y reclasificado por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias como monumento natural.
Otras medidas y figuras de protección que alcanzan a la Cueva de Los Naturalistas es su definición de área de sensibilidad ecológica, a efectos de lo indicado en la Ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico. Y, en relación con otros espacios, se encuentra en el subsuelo del paisaje protegido de La Geria.
En julio de 1992, un año más tarde de que Benisahare alertara a la Corporación insular y después de que, nuevamente, hubieran de dirigirse por escrito al Cabildo, el presidente de entonces, Juan Carlos Becerra, tenía a bien informar a Ángel Jesús Bonilla lo siguiente: “se considera oportuno prohibir el paso por la susodicha carretera, a vehículos cuyo peso exceda de 5,5 Tm., colocando la pertinente señalización”.
Quince años había trascurrido ya cuando en septiembre de 2005, Alfredo Láinez, en aquel tiempo director de la Escuela Canaria de Espeleología y presidente de Benisahare, se asomaba a los medios de comunicación para denunciar que "la protección de la Cueva de Los Naturalistas es nula", y señalar que las excursiones "de grupos incontrolados de hasta un centenar de turistas" al Monumento Natural están dañando la conservación del espacio. "Hemos notado que desde que empezamos a bajar a la Cueva de Los Naturalistas, en 1985, hasta ahora, se habrá perdido un 75% de los estafilitos", aseguró aquellos días el espeleólogo.
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Ahora, casi dos décadas más tarde de cuando presentara el primer escrito alertando de la situación, es Ángel Jesús Bonilla el que se asoma a este espacio para denunciar el peligro de derrumbe que corre este Monumento Natural y que, a pesar de la pertinente señalización colocada por el Cabildo de todos, que prohíbe el tráfico de vehículos con pesos superiores a 5,5 toneladas, “por ahí está pasando todo tipo de camiones cargados y guaguas con turistas”.
Él, pide al Cabildo que la Cueva de Los Naturalistas “se proteja” del deterioro que sufre y “se cierre” al caos de las visitas descontroladas, “ sé que había agencias o grupos que venían a hacer la cueva sin control alguno”. Se queja también de la callada por respuesta. Y, de la dejación de la obligación y del incumplimiento de la norma que hace la Corporación insular sobre este Monumento Natural, dice: “Me molesta porque creo que se preocupan de otras cosas, importantes y no, y esto lo van dejando, lo van dejando...entonces tienes una rabia dentro del cuerpo porque no puedes hacer nada. Pero vamos a seguir luchando en este tema hasta que se haga algo. Cualquier cosa”.
Mientras tanto, las normas de conservación del Monumento Natural de la Cueva de Los Naturalistas, que vendrían a regular los usos permitidos y prohibidos, así como las medidas y actuaciones para el mantenimiento del espacio protegido, se encuentran en fase de avance desde junio 2003.
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