Ángel Valiente
[Viernes, 6 de marzo de 2009] [09.00]
Hoy les quiero mostrar al ganador del Goya al mejor corto documental del año que viene. Sí, ya. Suena un poco presuntuoso hacer una apuesta así a casi un año vista, pero cuando echen un vistazo al vídeo convendrán conmigo que o es así o nos espera una excelente cosecha de cortometrajes en lo que queda de año.
On the line es un falso documental sencillamente impecable. Impecable en su realización, impecable en su dirección, impecable en sus interpretaciones. Sencillamente eso, impecable.
Y duro. Jodidamente duro. Pues si duro ya es de por sí hablar de la desgracia de la inmigración, y por estas tierras sabemos de lo que nos hablamos, no menos duro es también plantearlo desde el punto de vista que lo hace Jon Garoño.
Unos inmigrantes del inframundo generado por ese sistema injusto que gobierna nuestras vidas y nuestras muertes, una frontera, un tipo descerebrado a la vista de cualquiera con dos dedos de frente pero convencido de que hace lo correcto y ya tenemos historia. Cruel historia. Dura historia. Real historia.
Porque lo que acontece en nuestro corto de hoy no sólo ocurre a diario en la frontera de México. Ocurre también a diario en cualquier frontera de Europa, en cualquier frontera del primer mundo.
Países condenados a ser pobres por obra y gracia de la connivencia existente entre los gobiernos del primer mundo, empeñados en que nadie saque la cabecita del fango más de lo estrictamente necesario y los gobiernos propios, ocupados casi siempre de que la poca riqueza que tenga un país no salga de las manos y de los palacios oficiales.
Y es que el ser humano es por natura insolidario, egoísta y pelín mezquino.
Y si a nivel local difícil es encontrarse un gesto solidario para con cualquier igual que simplemente ha cruzado o pretende cruzar una frontera para algo tan primario y obvio como es comer, imagínense a nivel nacional si por algún avatar del destino algún miserable (de miseria) acaba representando a algún país “pobre”. Raramente no acabará convertido en el mismo miserable (de mísero) olvidándose del pueblo que le parió por las calles. Poco importa si su apellido es Mugabe, Bush o Stalin.
Parafraseando a ese gran citólogo (de citas) llamado Felipe González: “la misma mierda son”.
Homo lupus homini. Pocas veces tan pocas palabras han definido mejor la condición de una especie.
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